El obispo de Getafe llama a reforzar la cultura vocacional a las puertas de la beatificación de cuatro mártires de la diócesis
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| (Foto: Diócesis Getafe).- |
El obispo de Getafe, Ginés García Beltrán, ha dedicado su Carta Pastoral para el curso 2026-2027 a reflexionar sobre la vocación y las vocaciones en la Iglesia, tomando como hilo conductor el testimonio de los cuatro nuevos beatos vinculados a la actual Diócesis de Getafe, víctimas de la persecución religiosa al principio de la Guerra Civil, y que serán beatificados el próximo 28 de noviembre en la Catedral de la Almudena de Madrid.
Bajo el título «Para que tengan vida», tomado del Evangelio de san Juan —«Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante» (Jn 10,10)—, el documento plantea la vocación cristiana como una llamada personal de Dios y propone avanzar hacia una «auténtica cultura vocacional» en la diócesis.
La carta, de 59 páginas, estructura su reflexión en cinco capítulos. El primero recoge la lectura que realiza el obispo del reciente viaje apostólico del papa León XIV a España; los siguientes abordan la vocación en la Sagrada Escritura, la necesidad de pasar del «quién soy» al «para quién soy», el testimonio de los nuevos beatos y, finalmente, las propuestas para desarrollar una pastoral vocacional en la Diócesis de Getafe.
«No hay persona sin vocación»
Uno de los ejes centrales de la Carta Pastoral es la idea de que toda persona tiene una vocación. García Beltrán considera que la Iglesia debe ayudar a cada persona a descubrir el sentido de su existencia y la misión para la que está llamada.
El obispo contrapone la pregunta «¿quién soy?» a otra que considera fundamental: «¿para quién soy?». A su juicio, esta segunda cuestión abre la existencia a Dios y a los demás y permite pasar de una concepción individual de la vida a otra basada en el don, el servicio y la misión.
La carta aborda también lo que define como una «cultura sin vocación», caracterizada, entre otros elementos, por el individualismo, la fragilidad de los vínculos, la búsqueda de satisfacción inmediata y la falta de sentido. Frente a esta realidad, el obispo afirma que la Iglesia debe transmitir una certeza: «Dios sigue llamando» y «no hay persona sin vocación».
Para García Beltrán, vocación y misión forman además un único dinamismo. «Una Iglesia misionera es una Iglesia vocacional. Una Iglesia vocacional es una Iglesia misionera», sostiene en el documento, donde defiende que los dones recibidos deben ponerse al servicio de los demás.
Cuatro nuevos beatos vinculados a Getafe
La próxima beatificación ocupa un lugar destacado en la Carta Pastoral. El obispo recuerda que de los once nuevos beatos vinculados al Seminario Conciliar de Madrid, cuatro pertenecen a lo que actualmente es la Diócesis de Getafe. Son Ángel Trapero Sánchez Real, Miguel Talavera Sevilla, Pablo Chomón Pardo y Julio Pardo Pernía.
García Beltrán dedica un capítulo a reconstruir sus vidas y a presentar su testimonio como referencia para la reflexión vocacional de la diócesis.
Ángel Trapero Sánchez Real, nacido en Navalcarnero en 1916, ingresó en el Seminario Conciliar de la Inmaculada y San Dámaso, donde cursó siete años de estudios eclesiásticos. En octubre de 1936 fue detenido en el domicilio familiar por su condición de seminarista y posteriormente ejecutado.
Miguel Talavera Sevilla, nacido en Boadilla del Monte en 1918, comenzó a ejercer como monaguillo tras su primera comunión y desarrolló desde joven su deseo de ser sacerdote. Ingresó en el Seminario Conciliar de Madrid en 1929. Fue detenido en 1936 y asesinado ese mismo año; la documentación recogida en la carta señala que su cadáver no pudo ser localizado.
Pablo Chomón Pardo, nacido en Quintanilla de Escalada (Burgos) en 1914, estudió durante doce años en el Seminario Conciliar de Madrid. En 1936, cuando ya era acólito, se encontraba en Ciempozuelos junto a su madre y su tío, el sacerdote Julio Pardo. Ambos fueron detenidos y asesinados en el término municipal de Valdemoro.
Julio Pardo Pernía, sacerdote y tío de Pablo Chomón, había sido ordenado en 1895 y desarrolló buena parte de su actividad pastoral en Quintanilla de Escalada, donde impulsó la catequesis y las misiones populares. Posteriormente fue confesor de las Religiosas Hospitalarias de Ciempozuelos. Murió junto a su sobrino en Valdemoro.
El martirio como testimonio de vida
El obispo subraya que el significado de estos cuatro nuevos beatos no debe centrarse únicamente en las circunstancias de su muerte. «No es tanto el dolor que sufrieron lo que nos conmueve, sino el amor con el que se entregaron», afirma en la carta.
Para García Beltrán, su testimonio permite recuperar la pregunta «Señor, ¿qué quieres de mí?» y utilizar la beatificación como una oportunidad para replantear la pastoral vocacional de la diócesis.
La carta presenta así a los mártires como «guía y estímulo para una Iglesia más entregada». El obispo considera que su ejemplo puede inspirar a los jóvenes, fortalecer a los seminaristas, animar a los sacerdotes, acompañar a las familias y renovar a la comunidad diocesana.
Una pastoral vocacional que implique a toda la diócesis
El documento plantea que la pastoral vocacional no debe quedar limitada al Seminario, a los sacerdotes o a los responsables específicos de esta área. García Beltrán sostiene que toda la comunidad diocesana debe asumir esta responsabilidad, desde las familias y parroquias hasta los colegios, movimientos y comunidades religiosas.
Entre las propuestas incluidas en la Carta Pastoral figuran incrementar la oración por las vocaciones, ofrecer acompañamiento personal y espiritual a adolescentes y jóvenes, promover testimonios de sacerdotes, consagrados y matrimonios, acercar el Seminario a las parroquias y organizar jornadas vocacionales en colegios, parroquias y movimientos.
También plantea una mayor participación de las familias en los procesos de discernimiento y propone la creación de un Servicio de Pastoral Vocacional diocesano, integrado por sacerdotes, religiosos y laicos, que coordine iniciativas, acompañe a jóvenes y mantenga la relación con el Seminario y la Delegación diocesana.
El documento concluye con una llamada a toda la diócesis a comenzar el nuevo curso desde la escucha y el discernimiento. García Beltrán invita a los fieles a preguntarse qué misión les corresponde dentro de la Iglesia y reclama una comunidad «unida, corresponsable y misionera».
Los cuatro futuros beatos ocupan un lugar central en este envío pastoral: «Que los mártires seminaristas iluminen vuestro camino», pide el obispo, que reclama que la pastoral vocacional se convierta en «el latido» de la Diócesis de Getafe.
